Bernardo Poma Ulo
Las propuestas electorales se redujeron al 1% en la cobertura periodística de los noticieros meridianos de 4 redes nacionales de radio durante la semana de realización de las elecciones generales del 6 de diciembre último. Al mismo porcentaje fue limitado el tema del financiamiento de las campañas políticas que pudo haber sido objeto de constatación e investigación propiamente periodística.
Entre el 30 de noviembre y el 7 de diciembre de 2009, el Observatorio Nacional de Medios (ONADEM) constató que las elecciones tuvieron una amplia cobertura en las 4 redes de radio que funcionan en el país, dado que el 66% de las noticias difundidas —de un total de 471—se refirieron a ellas. Ese promedio general se elevó considerablemente en Panamericana (89%) y Patria Nueva (86%), en tanto que fue de 69% en ERBOL y 66% en Fides.
En todo caso, la cobertura siguió tendencialmente una estrategia tradicional y poco innovadora respecto de los temas abordados, ya que el 85% estuvo constituido por reportes sobre el desarrollo e incidentes del proceso electoral (38%), los resultados de la elección presidencial (19%), las campañas partidarias (13%) y las repercusiones de la votación (15%) sobre todo en el ámbito de las fuerzas políticas en contienda.
Los actores principales de la noticia fueron los partidos políticos y las autoridades encargadas del proceso eleccionario, esto es, el Órgano Electoral Plurinacional (antes Corte Nacional Electoral), las cortes electorales departamentales, así como los observadores acreditados. Por tanto, la agenda periodística provino esencialmente de la agenda política o electoral, característica que ya fue señalada por el ONADEM —en medios impresos— en las elecciones generales de 2005 .
En ese sentido, los noticieros monitoreados no visibilizaron las demandas, cuestionamientos o propuestas de los votantes ni de la ciudadanía en general, tampoco hicieron un abordaje sistemático y profundo de las ofertas partidarias como ya fue apuntado. De ese modo, en líneas generales, la noticia no se construyó desde el punto de vista de su beneficiario y destinatario final: el ciudadano, sino desde el interés de las fuentes políticas.
Sin embargo, cabe reconocer la capacidad de despliegue —y esfuerzo— que demostraron las radios observadas al cubrir esta primera votación de los bolivianos en el exterior, al menos en diez ciudades previstas de Argentina, España, Brasil y Estados Unidos. Del mismo modo se ratificó el despliegue hacia el interior del país y sus provincias, a través de reporteros propios (Panamericana, Fides) o en red con otras emisoras o medios (Patria Nueva con Bolivia TV —Canal 7—, ERBOL con sus afiliadas).
En relación a las fuentes noticiosas, el ciudadano —el de a pie e incluso sumado a representantes de organizaciones sindicales y gremiales— apenas fue consultado en el 10% de los casos. Mucha más cobertura —cerca de la mitad de los casos— obtuvieron los dirigentes o personas afines a los partidos políticos (48%), así como las restantes fuentes institucionales no partidarias (42%, cortes electorales, observadores, FF.AA., policía, etc. ).
Bajo esa perspectiva, entre las fuentes partidarias, en las 4 redes de radio hubo desequilibrio pues se privilegió a los partidos que figuraban en los primeros lugares en las encuestas pre-electorales. Así, los dirigentes o sectores afines de la alianza Movimiento Al Socialismo-Movimiento Sin Miedo (57%) fueron mucho más citados y consultados que los de Plan Progreso para Bolivia-Convergencia Nacional (25%), Unidad Nacional (7%) y Alianza Social (5%). Los otros partidos en contienda casi no fueron considerados en la información: GENTE (1%), Pueblos Unidos por la Libertad y la Soberanía (0,6%) y Movimiento de Unidad Social Patriótica (0,6%).
De ese modo, la cobertura del pasado 6 de diciembre mostró que la radio informativa de alcance nacional aún no aprovecha las grandes potencialidades y capacidades de llegada al ciudadano; no se diferenció de los otros medios —en particular de la televisión— al no cubrir en profundidad —en la información ni en el análisis periodístico— la trascendencia de los propios hechos electorales como la votación sobre autonomías departamentales, regionales e indígenas que incidirán en la reconfiguración estatal .
Una mayor participación ciudadana en la información como fuente y actor protagónico de las noticias puede ampliar y nutrir cualitativamente la agenda periodística de la radio boliviana en general y, en particular, de las que tienen cobertura nacional.
17 de febrero de 2010
8 de febrero de 2010
Mejor ciudadanos periodistas, que periodistas ciudadanos
Osman Patzzi Sanjinés*
Tanto se ha devaluado el vocablo cambio (del lat. cambium, y este del galo cambion) que en estos días es el equivalente a nada. Es decir, si se dice cambio, es porque nada va a cambiar, pero en caso de que se insista en el significado real y académico de la lengua, ¿por qué el cambio tendría que ser un desafío para el ejercicio periodístico?
El sonsonete, en especial si lo remarcan los más jóvenes en el oficio, de que “no se puede hacer periodismo como hace veinte años” no entra tan fácilmente por una oreja para salir por la otra. Toca el amor propio y provoca, porque al igual que el cambio, el periodismo de antaño estaba mejor cotizado.
Como en la actualidad -sin ningún ánimo peyorativo- cualquiera puede ser periodista, porque así también se entiende el periodismo ciudadano, los periodistas tendrán que hacer el esfuerzo para ser ciudadanos. No es un juego de palabras; es la invocación para que bajen del pedestal imaginario y reconozcan que en algún momento se extraviaron y que para retomar el rumbo están obligados a recuperar valores de ciudadanía.
Este es el verdadero cambio. Aceptar que el monopolio no fue beneficioso para nadie y que en igualdad de condiciones con las audiencias todavía hay ventajas frente a los miles, qué miles, millones de periodistas ciudadanos que están informando, comentando, interpretando y opinando sobre la realidad, guste o no.
Si es cierto que la aparición del periodista ciudadano enriquece el material periodístico y genera nuevos puntos de vista para los medios de comunicación, “¿cuáles son los desafíos para los profesionales de los medios?” se preguntaban unos expertos reunidos en Brasil en 2008.
Reflexionaban que se debía prestar atención y dar valor a aquello que es enviado por los usuarios, que están deseosos de compartir sus fotos e historias, pero remarcaban que eso también exige un enorme cuidado, ya que los periodistas llevan ese contenido a mucha más gente con su nombre y su aval.
Creando contenidos y convirtiéndose en formadores de opinión, los entusiastas reporteros de ratos libres, están cobrando mayor notoriedad y presencia, pero nada de dinero, frente a los ojos impávidos de los que ven escurrir, como agua de las manos, algo que creían propio y que también les agujerea los bolsillos. Los empresarios que inicialmente pensaron que era la hora de contar con periodistas gratis sienten lo mismo con el crecimiento de los medios electrónicos y las redes sociales, que es donde está circulando la información, porque están sufriendo caídas de la publicidad, tienen menos ventas y afrontan una creciente pérdida de credibilidad.
Visto de ese modo, cambiar no implica simplemente lo tecnológico, sino adoptar un nuevo modelo, el ciudadano, como proceso y como final.
Shayne Bowman y Chris Willis designan al “periodismo participativo” –el gran promotor fue Dan Gillmor– como un “acto de un grupo ciudadano para colectar, reportar, analizar y diseminar información”. El objetivo, según señalan, es “suministrar información independiente, confiable, exacta y relevante”. No obstante, José Luis Orihuela, profesor de la Universidad de Navarra, prefiere hablar de “medios sociales” y no de “periodismo ciudadano”, como, en cambio, sí lo hacen el National Press Club y la Society for Professional Journalists.
El punto es que hasta que se pongan de acuerdo sobre qué es y qué no es periodismo ciudadano, los periodistas seguirán perdiendo terreno, cuando lo más lógico y simple es retomar simplemente el sentido de periodista y de ciudadano. Como que por mirar muy lejos, no se está viendo que el piso se mueve a los pies. Y parafraseando al editor de Perfil.com, Rodrigo Orihuela, si bien la mayoría de los medios ciudadanos presentan contenidos interesantes, aún “no se ha visto que sirvan para revelar, cubrir o analizar grandes temas”. Se supone que son los periodistas los que tienen (o deberían tener) herramientas y criterios profesionales para salvar esas falencias y la pregunta final es ¿estarán dispuestos a ser ciudadanos primero y luego periodistas? De la respuesta que dé la mayoría dependerá el futuro del periodismo. Si es sí, habrá cambio, y verdadero.
* Corresponsal en Santa Cruz del Observatorio Nacional de Medios (ONADEM)
Tanto se ha devaluado el vocablo cambio (del lat. cambium, y este del galo cambion) que en estos días es el equivalente a nada. Es decir, si se dice cambio, es porque nada va a cambiar, pero en caso de que se insista en el significado real y académico de la lengua, ¿por qué el cambio tendría que ser un desafío para el ejercicio periodístico?
El sonsonete, en especial si lo remarcan los más jóvenes en el oficio, de que “no se puede hacer periodismo como hace veinte años” no entra tan fácilmente por una oreja para salir por la otra. Toca el amor propio y provoca, porque al igual que el cambio, el periodismo de antaño estaba mejor cotizado.
Como en la actualidad -sin ningún ánimo peyorativo- cualquiera puede ser periodista, porque así también se entiende el periodismo ciudadano, los periodistas tendrán que hacer el esfuerzo para ser ciudadanos. No es un juego de palabras; es la invocación para que bajen del pedestal imaginario y reconozcan que en algún momento se extraviaron y que para retomar el rumbo están obligados a recuperar valores de ciudadanía.
Este es el verdadero cambio. Aceptar que el monopolio no fue beneficioso para nadie y que en igualdad de condiciones con las audiencias todavía hay ventajas frente a los miles, qué miles, millones de periodistas ciudadanos que están informando, comentando, interpretando y opinando sobre la realidad, guste o no.
Si es cierto que la aparición del periodista ciudadano enriquece el material periodístico y genera nuevos puntos de vista para los medios de comunicación, “¿cuáles son los desafíos para los profesionales de los medios?” se preguntaban unos expertos reunidos en Brasil en 2008.
Reflexionaban que se debía prestar atención y dar valor a aquello que es enviado por los usuarios, que están deseosos de compartir sus fotos e historias, pero remarcaban que eso también exige un enorme cuidado, ya que los periodistas llevan ese contenido a mucha más gente con su nombre y su aval.
Creando contenidos y convirtiéndose en formadores de opinión, los entusiastas reporteros de ratos libres, están cobrando mayor notoriedad y presencia, pero nada de dinero, frente a los ojos impávidos de los que ven escurrir, como agua de las manos, algo que creían propio y que también les agujerea los bolsillos. Los empresarios que inicialmente pensaron que era la hora de contar con periodistas gratis sienten lo mismo con el crecimiento de los medios electrónicos y las redes sociales, que es donde está circulando la información, porque están sufriendo caídas de la publicidad, tienen menos ventas y afrontan una creciente pérdida de credibilidad.
Visto de ese modo, cambiar no implica simplemente lo tecnológico, sino adoptar un nuevo modelo, el ciudadano, como proceso y como final.
Shayne Bowman y Chris Willis designan al “periodismo participativo” –el gran promotor fue Dan Gillmor– como un “acto de un grupo ciudadano para colectar, reportar, analizar y diseminar información”. El objetivo, según señalan, es “suministrar información independiente, confiable, exacta y relevante”. No obstante, José Luis Orihuela, profesor de la Universidad de Navarra, prefiere hablar de “medios sociales” y no de “periodismo ciudadano”, como, en cambio, sí lo hacen el National Press Club y la Society for Professional Journalists.
El punto es que hasta que se pongan de acuerdo sobre qué es y qué no es periodismo ciudadano, los periodistas seguirán perdiendo terreno, cuando lo más lógico y simple es retomar simplemente el sentido de periodista y de ciudadano. Como que por mirar muy lejos, no se está viendo que el piso se mueve a los pies. Y parafraseando al editor de Perfil.com, Rodrigo Orihuela, si bien la mayoría de los medios ciudadanos presentan contenidos interesantes, aún “no se ha visto que sirvan para revelar, cubrir o analizar grandes temas”. Se supone que son los periodistas los que tienen (o deberían tener) herramientas y criterios profesionales para salvar esas falencias y la pregunta final es ¿estarán dispuestos a ser ciudadanos primero y luego periodistas? De la respuesta que dé la mayoría dependerá el futuro del periodismo. Si es sí, habrá cambio, y verdadero.
* Corresponsal en Santa Cruz del Observatorio Nacional de Medios (ONADEM)
20 de enero de 2010
No es novedad, pero la farándula se comió nomás a la cultura en los telenoticieros
Osman Patzzi Sanjinés*
Los consumidores de arte y los artistas cruceños no tienen la fuerza suficiente para que en los medios informativos, especialmente la televisión, se les preste la atención que están demandando. Y aunque el empleo de la fuerza suene a exageración, hubo un intento para revertir la perniciosa tendencia a “farandulizar” las noticias a costa de los espacios dedicados a la promoción de las actividades artísticas y culturales.
Es que muy poco eco tuvo el dramático llamado que formuló la Carta abierta dirigida a los medios de comunicación que el año pasado generó una sana, pero fugaz polémica, y quizá termine en el olvido, como probablemente pretenden los directamente aludidos que optaron por ignorar la reclamación porque, que se sepa, han respondido con la indiferencia.
A partir de esa experiencia, el Observatorio Nacional de Medios, iniciativa de la Fundación Unir Bolivia, llevó adelante una investigación en los informativos nocturnos de cinco redes de televisión durante una semana en el mes de septiembre de 2009 para conocer los alcances de la presencia de notas de tipo cultural y de farándula en las ediciones difundidas en Santa Cruz. Se buscó analizar temas, frecuencias, jerarquización, organización de materias, productos y fuentes.
La exigencia de quienes se identificaron como promotores y consumidores de cultura para que se integre una agenda cultural en el menú informativo de los medios masivos y en especial de la televisión, está justificada al comprobar en el estudio que las notas “culturales” representan el 1,05% del total, mientras que las de farándula representan el 11,6%.
De las 8 notas culturales registradas entre el total de 758, seis corresponden a una sola emisión del canal gubernamental (TVB), el miércoles 16, y todas se originan en la ciudad de Potosí. La suma del tiempo de estas noticias es 26 minutos y 33 segundos, es decir, casi el equivalente a la mitad del informativo o a la totalidad de las noticias descontando las tandas publicitarias y características del medio, es decir, o se incluyó por un error en la programación destinada a todo el país, o se trata de un flagrante desequilibrio en la cobertura cultural, enfocada en una sola ciudad, con el cual el ínfimo porcentaje quedaría muy grande.
Al analizar la estructura temática (temas y su presentación en secuencia) y formal, (distribución de espacios y tiempos) en los telenoticiosos nocturnos (centrales) en Santa Cruz, se aprecia que la farándula ocupa un espacio privilegiado, tanto en titulares, como en el desarrollo de la nota y en despachos directos desde unidades móviles, frente a la casi nula cobertura a la promoción de manifestaciones culturales/artísticas. El despliegue técnico, el tiempo y el énfasis así lo confirman.
En promedio, la publicidad bordea el 45% del tiempo total del noticiero y mientras en el canal gubernamental abunda la propaganda oficial, las redes privadas colman sus espacios con variedad de productos, entre los que se destacan los cosméticos y la propaganda institucional de la Prefectura y la Alcaldía y también del Gobierno central.
La banalización de los hechos noticiosos sumada a la cobertura de la farándula se manifiesta de múltiples formas: desde la supremacía de fuentes relacionadas con la farándula, es decir, modelos, azafatas, fotógrafos y diseñadores de moda, hasta los planos escogidos por camarógrafos y editores (algunos francamente violatorios de la intimidad) en las denominadas pasarelas (desfiles para que la modelo se vea de cuerpo entero) que supuestamente se hacen a pedido de la audiencia.
También es común la arbitrariedad y el desorden en la presentación de las noticias relacionadas con la farándula, porque aparecen tanto en la apertura de las emisiones, en la mitad o al final, porque sólo dos redes tienen segmentos dedicados exclusivamente a esta temática y cuentan con su propia presentadora.
El estudio se hizo en plena semana de preparativos y de apertura de la Expocruz, el evento ferial más grande del país y durante una semana agitada políticamente por una Asamblea de la Cruceñidad convocada a raíz de la polémica invitación al Presidente Evo Morales para la apertura de la feria.
En el estudio Telenoticiosos: la dieta nuestra de todos los días (1) se señala que los conflictos sociales y políticos, marchas y protestas, accidentes y violencia son los ingredientes básicos de la oferta. Ahora se tendría que añadir la farándula y/o “farandulización” de las noticias, destacando que se mantiene la tendencia hacia la homogenización de los temas ya señalada en el estudio citado. Asimismo, en el estudio El significado de la cultura en la prensa boliviana (2) se establece que la cultura en la prensa no deja de ser concebida como arte y, en particular, arte clásico. Como complemento de esta concepción reduccionista se destacan dos aspectos en las notas de los diarios: uso reiterado del recurso descriptivo en la redacción y el empleo de páginas interiores para su despliegue. La superficie ocupada para materiales sobre cultura tiene el 2% del total y el 65% de este espacio está en suplementos culturales. También se ratifica que la cultura está marginada.
Al mencionar la “farandulización” no se trata del periodismo rosa o del corazón, aquel que escarba intimidades de las celebridades criollas y extranjeras, ni es información exclusivamente de farándula, sino de la fórmula que los productores de la TV están aplicando para que las noticias, en general, sean más livianas y más comerciales. Es decir, no se percibe que el interés esté centrado en conocer intimidades de modelos o azafatas (lo que sí ocurre en programas especializados que, dicho sea de paso, van en aumento) sino que se banaliza hechos noticiosos en los telenoticieros centrales.
Es decir, la influencia de la farándula como fuente y a sus protagonistas como consumidores de la información relacionada con este tema abarca casi todos los segmentos porque en el calendario o la agenda informativa tienen siempre un lugar destacado los concursos de belleza, desfiles como el de Las Magníficas, reinados de diversa índole, ferias de menor magnitud a la Expocruz, pero siempre presentes, visita de músicos, apertura de centros de diversión, presentación de colecciones de moda, elaboración de calendarios y otros en los que las fuentes principales son modelos, fotógrafos, modistas, estilistas y propietarios de locales, así como organizadores de eventos sociales.
En conclusión, la Carta abierta dirigida a los medios de comunicación ha puesto en la mesa de debate un asunto que los directamente aludidos se niegan a aceptar, pero lo más llamativo es que parecen estar muy cómodos y convencidos de que su propuesta programática es la adecuada porque la audiencia, la gran audiencia, no se ha manifestado en contra y, como se suele decir, el que calla otorga.
*Corresponsal del ONADEM en Santa Cruz
(1)Medios a la Vista p. 167 TELENOTICIOSOS: LA DIETA NUESTRA DE TODOS LOS DÍAS
(2) Medios a la Vista p. 187 EL SIGNIFICADO DE LA CULTURA EN LA PRENSA BOLIVIANA
Los consumidores de arte y los artistas cruceños no tienen la fuerza suficiente para que en los medios informativos, especialmente la televisión, se les preste la atención que están demandando. Y aunque el empleo de la fuerza suene a exageración, hubo un intento para revertir la perniciosa tendencia a “farandulizar” las noticias a costa de los espacios dedicados a la promoción de las actividades artísticas y culturales.
Es que muy poco eco tuvo el dramático llamado que formuló la Carta abierta dirigida a los medios de comunicación que el año pasado generó una sana, pero fugaz polémica, y quizá termine en el olvido, como probablemente pretenden los directamente aludidos que optaron por ignorar la reclamación porque, que se sepa, han respondido con la indiferencia.
A partir de esa experiencia, el Observatorio Nacional de Medios, iniciativa de la Fundación Unir Bolivia, llevó adelante una investigación en los informativos nocturnos de cinco redes de televisión durante una semana en el mes de septiembre de 2009 para conocer los alcances de la presencia de notas de tipo cultural y de farándula en las ediciones difundidas en Santa Cruz. Se buscó analizar temas, frecuencias, jerarquización, organización de materias, productos y fuentes.
La exigencia de quienes se identificaron como promotores y consumidores de cultura para que se integre una agenda cultural en el menú informativo de los medios masivos y en especial de la televisión, está justificada al comprobar en el estudio que las notas “culturales” representan el 1,05% del total, mientras que las de farándula representan el 11,6%.
De las 8 notas culturales registradas entre el total de 758, seis corresponden a una sola emisión del canal gubernamental (TVB), el miércoles 16, y todas se originan en la ciudad de Potosí. La suma del tiempo de estas noticias es 26 minutos y 33 segundos, es decir, casi el equivalente a la mitad del informativo o a la totalidad de las noticias descontando las tandas publicitarias y características del medio, es decir, o se incluyó por un error en la programación destinada a todo el país, o se trata de un flagrante desequilibrio en la cobertura cultural, enfocada en una sola ciudad, con el cual el ínfimo porcentaje quedaría muy grande.
Al analizar la estructura temática (temas y su presentación en secuencia) y formal, (distribución de espacios y tiempos) en los telenoticiosos nocturnos (centrales) en Santa Cruz, se aprecia que la farándula ocupa un espacio privilegiado, tanto en titulares, como en el desarrollo de la nota y en despachos directos desde unidades móviles, frente a la casi nula cobertura a la promoción de manifestaciones culturales/artísticas. El despliegue técnico, el tiempo y el énfasis así lo confirman.
En promedio, la publicidad bordea el 45% del tiempo total del noticiero y mientras en el canal gubernamental abunda la propaganda oficial, las redes privadas colman sus espacios con variedad de productos, entre los que se destacan los cosméticos y la propaganda institucional de la Prefectura y la Alcaldía y también del Gobierno central.
La banalización de los hechos noticiosos sumada a la cobertura de la farándula se manifiesta de múltiples formas: desde la supremacía de fuentes relacionadas con la farándula, es decir, modelos, azafatas, fotógrafos y diseñadores de moda, hasta los planos escogidos por camarógrafos y editores (algunos francamente violatorios de la intimidad) en las denominadas pasarelas (desfiles para que la modelo se vea de cuerpo entero) que supuestamente se hacen a pedido de la audiencia.
También es común la arbitrariedad y el desorden en la presentación de las noticias relacionadas con la farándula, porque aparecen tanto en la apertura de las emisiones, en la mitad o al final, porque sólo dos redes tienen segmentos dedicados exclusivamente a esta temática y cuentan con su propia presentadora.
El estudio se hizo en plena semana de preparativos y de apertura de la Expocruz, el evento ferial más grande del país y durante una semana agitada políticamente por una Asamblea de la Cruceñidad convocada a raíz de la polémica invitación al Presidente Evo Morales para la apertura de la feria.
En el estudio Telenoticiosos: la dieta nuestra de todos los días (1) se señala que los conflictos sociales y políticos, marchas y protestas, accidentes y violencia son los ingredientes básicos de la oferta. Ahora se tendría que añadir la farándula y/o “farandulización” de las noticias, destacando que se mantiene la tendencia hacia la homogenización de los temas ya señalada en el estudio citado. Asimismo, en el estudio El significado de la cultura en la prensa boliviana (2) se establece que la cultura en la prensa no deja de ser concebida como arte y, en particular, arte clásico. Como complemento de esta concepción reduccionista se destacan dos aspectos en las notas de los diarios: uso reiterado del recurso descriptivo en la redacción y el empleo de páginas interiores para su despliegue. La superficie ocupada para materiales sobre cultura tiene el 2% del total y el 65% de este espacio está en suplementos culturales. También se ratifica que la cultura está marginada.
Al mencionar la “farandulización” no se trata del periodismo rosa o del corazón, aquel que escarba intimidades de las celebridades criollas y extranjeras, ni es información exclusivamente de farándula, sino de la fórmula que los productores de la TV están aplicando para que las noticias, en general, sean más livianas y más comerciales. Es decir, no se percibe que el interés esté centrado en conocer intimidades de modelos o azafatas (lo que sí ocurre en programas especializados que, dicho sea de paso, van en aumento) sino que se banaliza hechos noticiosos en los telenoticieros centrales.
Es decir, la influencia de la farándula como fuente y a sus protagonistas como consumidores de la información relacionada con este tema abarca casi todos los segmentos porque en el calendario o la agenda informativa tienen siempre un lugar destacado los concursos de belleza, desfiles como el de Las Magníficas, reinados de diversa índole, ferias de menor magnitud a la Expocruz, pero siempre presentes, visita de músicos, apertura de centros de diversión, presentación de colecciones de moda, elaboración de calendarios y otros en los que las fuentes principales son modelos, fotógrafos, modistas, estilistas y propietarios de locales, así como organizadores de eventos sociales.
En conclusión, la Carta abierta dirigida a los medios de comunicación ha puesto en la mesa de debate un asunto que los directamente aludidos se niegan a aceptar, pero lo más llamativo es que parecen estar muy cómodos y convencidos de que su propuesta programática es la adecuada porque la audiencia, la gran audiencia, no se ha manifestado en contra y, como se suele decir, el que calla otorga.
*Corresponsal del ONADEM en Santa Cruz
(1)Medios a la Vista p. 167 TELENOTICIOSOS: LA DIETA NUESTRA DE TODOS LOS DÍAS
(2) Medios a la Vista p. 187 EL SIGNIFICADO DE LA CULTURA EN LA PRENSA BOLIVIANA
7 de enero de 2010
La Información y la Comunicación como derechos fundamentales en la transición política boliviana
Erick R. Torrico Villanueva
El hecho de que, por una parte, el periodismo boliviano esté hoy enfrentado a cuestionamientos que proceden tanto del gobierno como de sectores de la ciudadanía —aunque las razones y las argumentaciones de tales ámbitos no siempre resulten coincidentes— y, por otra, de que luego de conocidos los resultados electorales deba confrontar también el reto de asumir en el corto plazo alguna fórmula de superación del dilema entre ética y legalidad, convoca a la necesidad de discutir la cuestión de los alcances y la vigencia de los derechos fundamentales en materia de pensamiento, expresión, prensa, información y comunicación.
Esas prerrogativas que junto a otras poseen todas las personas frente al Estado y frente a sus semejantes para poder ser y para poder crecer humanamente sin perjudicar al resto, son derechos que al estar formalizados en la norma constitucional garantizan la vida digna, en libertad, con igualdad, justicia y solidaridad para todos los miembros de la comunidad. No obstante, las circunstancias de la transición política que vive el país demandan para el pleno vigor de esos derechos —y de sus consiguientes obligaciones— que la reflexión, el debate, las posiciones, las decisiones y las acciones sobre el particular, en los poderes públicos y en la sociedad, estén a la altura de la construcción democrática deseable.
Y qué mejor ocasión para estimular un arranque de este análisis que la fecha en que se celebra un nuevo aniversario de la aprobación, en 1948, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, documento insoslayable y referencial cuyo Artículo 19 señala textualmente que “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.
No se trata, sin embargo, de pretender que esta exposición introductoria defina ejes temáticos, proponga líneas de interpretación ni trace rumbos concretos para las tareas anunciadas. El único objetivo que se persigue con lo que será desarrollado a continuación es que los interesados en la deliberación tomen en cuenta como insumos algunas apreciaciones cuya pertinencia, por lo demás, dependerá de la consideración que lleguen a merecer.
En ese sentido y dentro de esos límites se ofrecerá, primero, una síntesis no exhaustiva de hechos y situaciones concernientes al periodismo y a los derechos ya señalados para luego plantear unas pocas pistas respecto de la dinámica que probablemente caracterizará el escenario político e informativo-comunicacional nacional tras las elecciones del pasado domingo.
Durante el período que va de la posesión presidencial de enero de 2006 a la actualidad se ha venido registrando un proceso de reconfiguración del espacio y el sistema mediáticos en torno a definiciones provenientes del campo político y estrechamente vinculadas con la situación polarizada que ha sido el núcleo de la conflictividad reciente. Esa confrontación, que se explica por la pugna existente entre al menos dos proyectos de poder, se extendió al plano de la comunicación masiva y quedó expresada en una relación de periódicas fricciones entre el gobierno y buena parte de los medios privados, en particular de aquellos que pueden ser considerados “grandes”. Paradójicamente, la inversión propagandística gubernamental en los medios comerciales, sobre todo en la televisión, se mantuvo en ascenso.
La política oficial que entendió a los privados como “adversarios” indujo un uso tendencialmente propagandístico de los medios a cargo del gobierno y avivó en la prensa, la radio y la televisión privadas un comportamiento tendencialmente alejado de la práctica pluralista. Esa politización más o menos abierta de los contenidos de información y opinión —que ya se venía explicitando siquiera desde el año 2000— fue acompañada por un resurgimiento de la improvisación profesional, por el frecuente recurso al sensacionalismo y por una complementaria modalidad de “farandulización” de los temas y los enfoques noticiosos. En general, entonces, entraron en cuestión la calidad de las informaciones y la confianza ciudadana en medios y periodistas, al tiempo que los públicos se fragmentaron ya no en función de intereses y preferencias como usuarios mediáticos sino más bien de afinidades ideológico-políticas y de pertenencias regionales o identificaciones socioculturales mostradas como antagónicas.
Todo ello incrementó la ubicación de los medios y el periodismo como tema relevante de la agenda pública. Surgió la observación mediática productora de evidencias y reflexiones sobre el desempeño de los medios a la par que emergieron diversas fuentes de críticas y demandas sociales hacia el mundo mediático. Casi no queda duda respecto a que la televisión ha sido el “lugar” donde hubo más violaciones a los derechos ciudadanos —por ejemplo mediante la “invención” de noticias, el sesgo informativo evidente, la invasión de la privacidad, el abuso de la imagen de niños o adolescentes, la exposición morbosa de escenas de accidentes, peleas, muertes y sexo, la utilización de lenguaje soez o la difusión pública de mensajes telefónicos íntimos—, aunque ha sido ahí mismo, en la TV, donde se han presentado, aproximadamente desde hace un año, algunas experiencias destinadas a posibilitar el debate plural y equilibrado sobre asuntos políticos. Pero asimismo la televisión, pese a que esto todavía no ha sido objeto de análisis detenido, se convirtió en protagonista de la política cuando una red privada fungió como propiciadora de la conformación y posterior promoción de la principal candidatura de oposición para las elecciones que acaban de efectuarse.
Cabe señalar que en el lapso que aquí se repasa también la autocrítica y la preocupación por la autorregulación fueron una constante en varias de las organizaciones sindicales, académicas y empresariales del periodismo, con notoria ausencia de los representantes de los medios televisivos. No obstante, estas organizaciones muestran aún una insuficiente coordinación intersectorial —lo que, entre otros momentos, se vio durante los esfuerzos para formular propuestas a la Asamblea Constituyente— así como una limitada capacidad de interlocución con la ciudadanía y el gobierno. La impune multiplicación de las censurables agresiones contra periodistas, camarógrafos, fotógrafos o presentadores de noticias, al igual que contra instalaciones o vehículos de medios, sean privados o gubernamentales, refleja no sólo los alcances de la polarización sino igualmente una situación de pérdida de respeto y molestia ciudadana con relación a la manera en que los medios cumplen sus labores, sentimientos que hasta ahora no parecen haber encontrado un cauce institucional para manifestarse y lograr eco.
La creación de un código de ética y la reciente conformación de un tribunal ético de la Asociación Nacional de la Prensa junto al empeño multisectorial para conformar, en un tercer intento, el Consejo Nacional de Ética Periodística que ya aprobó un código nacional de ética y se apresta a constituir un tribunal ético nacional, son respuestas concretas a parte de las circunstancias descritas, las cuales de todos modos requieren dar claras señales de su aplicación y eficacia para contribuir al reposicionamiento positivo del periodismo y su papel en la percepción colectiva. A dichas respuestas se suman iniciativas como las que lleva adelante la Fundación UNIR Bolivia con el Observatorio Nacional de Medios, el Fondo Concursable de Periodismo de Investigación y la Agenda Ciudadana, orientadas todas a cualificar el trabajo noticioso, mejorar la formación del personal periodístico y alentar la valoración pública de la labor informativa.
En relación a estos temas y más allá de las reiteradas reclamaciones así como de las poco pertinentes recriminaciones presidenciales a medios y periodistas, desde el campo oficial se ha constitucionalizado el derecho a la comunicación y a la información (Cap. 7º, artículos 106 y 107), se ha actualizado la posibilidad de que los periodistas publiquen una “columna sindical” en los medios en que trabajan (D.S. 0136 de 20/05/’09) y se ha presentado un anteproyecto de ley para prohibir “la promoción del proxenetismo, la prostitución y la pornografía por cualquier medio de comunicación y difusión”. Entretanto, se mantiene pendiente el anteproyecto de Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública.
Como es dable deducir de lo presentado en este esquemático vistazo a lo sucedido en los últimos 46 meses, están modificándose el contexto y determinadas “reglas de juego” para el desempeño mediático a la vez que el ejercicio del periodismo se ha visto enfrentado a un período de relativa inseguridad que incluye la precarización de las condiciones laborales en muchos medios, sobre todo en aquellos de menor alcance o en los que prevalece la denominada “producción independiente”. Esto hace, en conjunto, que los derechos fundamentales en materia de información y comunicación vuelvan a cobrar vigencia como un asunto de interés público.
Además, la importancia de esta temática se hace más enfática en el marco del escenario pos-electoral que es posible perfilar luego de las votaciones del domingo anterior. Si bien lo que se anota seguidamente es apenas un punteo tentativo de rasgos que la política y lo comunicacional pueden adquirir en el próximo futuro en el país, tiene sentido hacer el ejercicio de pensar esos rumbos probables.
Los resultados electorales han confirmado la constitución de un actor con potencialidad hegemónica (el Movimiento al Socialismo, MAS) y de un modelo de país y Estado de al menos mediano plazo que están prefigurados en la nueva Carta Magna. De ello, entre otras, se derivan dos consecuencias inmediatas: i) la intensificación de la contienda político-regional por el control de los espacios de poder departamental y municipal, último reducto probable para la oposición, en los comicios de 2010, y ii) la apertura de un amplio margen de actuación para la redefinición institucional desde la perspectiva del oficialismo.
Lo que se tendrá en este segundo caso es el inminente comienzo de un proceso de elaboración de leyes y normas reglamentarias con la priorización del tratamiento de aquellas relativas a ámbitos estratégicos, entre ellos el de la comunicación y la información, tal como lo tiene puntualizado el programa de gobierno con que el MAS se postuló a las elecciones de hace cuatro días. Ese proceso que se desarrollará ante todo en el espacio legislativo será el nuevo campo de la disputa y la confrontación políticas en torno al control de recursos y las cuestiones de los derechos humanos.
Si se toma en cuenta que la oposición que llegará a la Asamblea Legislativa Plurinacional será reducida en número, débil en representatividad y poco estructurada en su proyecto, su accionar será escasamente propositivo y tenderá a basarse en la descalificación y la obstaculización de las propuestas y medidas oficialistas. Ante esa incapacidad, podrán surgir algunos movimientos ciudadanos dirigidos a suplantar a la oposición tanto como a promover lineamientos para el debate legislativo o, desde otra perspectiva a ofrecer resistencia a las iniciativas gubernamentales. Esta última opción implicaría, además, que se produzcan enfrentamientos por fuera de la Asamblea entre sectores y agrupaciones sociales afines al gobierno y otros de oposición civil. La conflictividad estará así ligada a la reorganización del Estado, a la puesta en vigor de la nueva Constitución y a las formas de proceder que adopten el órgano ejecutivo y la mayoría legislativa oficialista.
En lo directamente relacionado con el tema de los derechos que acá interesa resaltar, la victoria electoral del MAS alentará el potenciamiento de la visión y las definiciones estratégicas gubernamentales en materia de medios al igual que afianzará las posiciones pro-oficialistas de aquellos medios que simpatizan con las políticas del poder ejecutivo. En contrapartida, unos pocos de los medios privados que se distinguieron hasta ahora por sus posiciones y discursos contestatarios se ratificarán en esa índole mientras que otro bloque, presumiblemente mayor, buscará su reacomodo en una suerte de “centro democrático”.
A partir del recuento efectuado sobre lo que viene aconteciendo y de una preliminar aproximación a los datos arrojados por las urnas el pasado domingo debiera hacerse el intento de explotar la reinstitucionalización que empezará en breve como un horizonte en que será indispensable equilibrar oportunidades y riesgos en pro del bien común. Para eso, aparte de la preparación necesaria, el diálogo y los acuerdos deseables, habrá que recordar no sólo que los medios representan uno de los principales vínculos de los ciudadanos con lo público sino, igualmente, que esos ciudadanos son el Estado y no pueden quedar al margen de las decisiones que les atinjan.
El pensamiento y la palabra son inescindibles de la condición humana, la información es un bien público, la comunicación es un acto dignificante y el trabajo mediático es un servicio de interés público; de ahí que las libertades para ejercerlos figuren entre los derechos democráticos fundamentales y competan a todos. En términos generales, ello supone la plena vigencia de las garantías constitucionales y, en lo concreto, que haya democracia para los medios, en los medios y desde los medios.
La Paz, diciembre 10 de 2009
etv/.
El hecho de que, por una parte, el periodismo boliviano esté hoy enfrentado a cuestionamientos que proceden tanto del gobierno como de sectores de la ciudadanía —aunque las razones y las argumentaciones de tales ámbitos no siempre resulten coincidentes— y, por otra, de que luego de conocidos los resultados electorales deba confrontar también el reto de asumir en el corto plazo alguna fórmula de superación del dilema entre ética y legalidad, convoca a la necesidad de discutir la cuestión de los alcances y la vigencia de los derechos fundamentales en materia de pensamiento, expresión, prensa, información y comunicación.
Esas prerrogativas que junto a otras poseen todas las personas frente al Estado y frente a sus semejantes para poder ser y para poder crecer humanamente sin perjudicar al resto, son derechos que al estar formalizados en la norma constitucional garantizan la vida digna, en libertad, con igualdad, justicia y solidaridad para todos los miembros de la comunidad. No obstante, las circunstancias de la transición política que vive el país demandan para el pleno vigor de esos derechos —y de sus consiguientes obligaciones— que la reflexión, el debate, las posiciones, las decisiones y las acciones sobre el particular, en los poderes públicos y en la sociedad, estén a la altura de la construcción democrática deseable.
Y qué mejor ocasión para estimular un arranque de este análisis que la fecha en que se celebra un nuevo aniversario de la aprobación, en 1948, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, documento insoslayable y referencial cuyo Artículo 19 señala textualmente que “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.
No se trata, sin embargo, de pretender que esta exposición introductoria defina ejes temáticos, proponga líneas de interpretación ni trace rumbos concretos para las tareas anunciadas. El único objetivo que se persigue con lo que será desarrollado a continuación es que los interesados en la deliberación tomen en cuenta como insumos algunas apreciaciones cuya pertinencia, por lo demás, dependerá de la consideración que lleguen a merecer.
En ese sentido y dentro de esos límites se ofrecerá, primero, una síntesis no exhaustiva de hechos y situaciones concernientes al periodismo y a los derechos ya señalados para luego plantear unas pocas pistas respecto de la dinámica que probablemente caracterizará el escenario político e informativo-comunicacional nacional tras las elecciones del pasado domingo.
Durante el período que va de la posesión presidencial de enero de 2006 a la actualidad se ha venido registrando un proceso de reconfiguración del espacio y el sistema mediáticos en torno a definiciones provenientes del campo político y estrechamente vinculadas con la situación polarizada que ha sido el núcleo de la conflictividad reciente. Esa confrontación, que se explica por la pugna existente entre al menos dos proyectos de poder, se extendió al plano de la comunicación masiva y quedó expresada en una relación de periódicas fricciones entre el gobierno y buena parte de los medios privados, en particular de aquellos que pueden ser considerados “grandes”. Paradójicamente, la inversión propagandística gubernamental en los medios comerciales, sobre todo en la televisión, se mantuvo en ascenso.
La política oficial que entendió a los privados como “adversarios” indujo un uso tendencialmente propagandístico de los medios a cargo del gobierno y avivó en la prensa, la radio y la televisión privadas un comportamiento tendencialmente alejado de la práctica pluralista. Esa politización más o menos abierta de los contenidos de información y opinión —que ya se venía explicitando siquiera desde el año 2000— fue acompañada por un resurgimiento de la improvisación profesional, por el frecuente recurso al sensacionalismo y por una complementaria modalidad de “farandulización” de los temas y los enfoques noticiosos. En general, entonces, entraron en cuestión la calidad de las informaciones y la confianza ciudadana en medios y periodistas, al tiempo que los públicos se fragmentaron ya no en función de intereses y preferencias como usuarios mediáticos sino más bien de afinidades ideológico-políticas y de pertenencias regionales o identificaciones socioculturales mostradas como antagónicas.
Todo ello incrementó la ubicación de los medios y el periodismo como tema relevante de la agenda pública. Surgió la observación mediática productora de evidencias y reflexiones sobre el desempeño de los medios a la par que emergieron diversas fuentes de críticas y demandas sociales hacia el mundo mediático. Casi no queda duda respecto a que la televisión ha sido el “lugar” donde hubo más violaciones a los derechos ciudadanos —por ejemplo mediante la “invención” de noticias, el sesgo informativo evidente, la invasión de la privacidad, el abuso de la imagen de niños o adolescentes, la exposición morbosa de escenas de accidentes, peleas, muertes y sexo, la utilización de lenguaje soez o la difusión pública de mensajes telefónicos íntimos—, aunque ha sido ahí mismo, en la TV, donde se han presentado, aproximadamente desde hace un año, algunas experiencias destinadas a posibilitar el debate plural y equilibrado sobre asuntos políticos. Pero asimismo la televisión, pese a que esto todavía no ha sido objeto de análisis detenido, se convirtió en protagonista de la política cuando una red privada fungió como propiciadora de la conformación y posterior promoción de la principal candidatura de oposición para las elecciones que acaban de efectuarse.
Cabe señalar que en el lapso que aquí se repasa también la autocrítica y la preocupación por la autorregulación fueron una constante en varias de las organizaciones sindicales, académicas y empresariales del periodismo, con notoria ausencia de los representantes de los medios televisivos. No obstante, estas organizaciones muestran aún una insuficiente coordinación intersectorial —lo que, entre otros momentos, se vio durante los esfuerzos para formular propuestas a la Asamblea Constituyente— así como una limitada capacidad de interlocución con la ciudadanía y el gobierno. La impune multiplicación de las censurables agresiones contra periodistas, camarógrafos, fotógrafos o presentadores de noticias, al igual que contra instalaciones o vehículos de medios, sean privados o gubernamentales, refleja no sólo los alcances de la polarización sino igualmente una situación de pérdida de respeto y molestia ciudadana con relación a la manera en que los medios cumplen sus labores, sentimientos que hasta ahora no parecen haber encontrado un cauce institucional para manifestarse y lograr eco.
La creación de un código de ética y la reciente conformación de un tribunal ético de la Asociación Nacional de la Prensa junto al empeño multisectorial para conformar, en un tercer intento, el Consejo Nacional de Ética Periodística que ya aprobó un código nacional de ética y se apresta a constituir un tribunal ético nacional, son respuestas concretas a parte de las circunstancias descritas, las cuales de todos modos requieren dar claras señales de su aplicación y eficacia para contribuir al reposicionamiento positivo del periodismo y su papel en la percepción colectiva. A dichas respuestas se suman iniciativas como las que lleva adelante la Fundación UNIR Bolivia con el Observatorio Nacional de Medios, el Fondo Concursable de Periodismo de Investigación y la Agenda Ciudadana, orientadas todas a cualificar el trabajo noticioso, mejorar la formación del personal periodístico y alentar la valoración pública de la labor informativa.
En relación a estos temas y más allá de las reiteradas reclamaciones así como de las poco pertinentes recriminaciones presidenciales a medios y periodistas, desde el campo oficial se ha constitucionalizado el derecho a la comunicación y a la información (Cap. 7º, artículos 106 y 107), se ha actualizado la posibilidad de que los periodistas publiquen una “columna sindical” en los medios en que trabajan (D.S. 0136 de 20/05/’09) y se ha presentado un anteproyecto de ley para prohibir “la promoción del proxenetismo, la prostitución y la pornografía por cualquier medio de comunicación y difusión”. Entretanto, se mantiene pendiente el anteproyecto de Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública.
Como es dable deducir de lo presentado en este esquemático vistazo a lo sucedido en los últimos 46 meses, están modificándose el contexto y determinadas “reglas de juego” para el desempeño mediático a la vez que el ejercicio del periodismo se ha visto enfrentado a un período de relativa inseguridad que incluye la precarización de las condiciones laborales en muchos medios, sobre todo en aquellos de menor alcance o en los que prevalece la denominada “producción independiente”. Esto hace, en conjunto, que los derechos fundamentales en materia de información y comunicación vuelvan a cobrar vigencia como un asunto de interés público.
Además, la importancia de esta temática se hace más enfática en el marco del escenario pos-electoral que es posible perfilar luego de las votaciones del domingo anterior. Si bien lo que se anota seguidamente es apenas un punteo tentativo de rasgos que la política y lo comunicacional pueden adquirir en el próximo futuro en el país, tiene sentido hacer el ejercicio de pensar esos rumbos probables.
Los resultados electorales han confirmado la constitución de un actor con potencialidad hegemónica (el Movimiento al Socialismo, MAS) y de un modelo de país y Estado de al menos mediano plazo que están prefigurados en la nueva Carta Magna. De ello, entre otras, se derivan dos consecuencias inmediatas: i) la intensificación de la contienda político-regional por el control de los espacios de poder departamental y municipal, último reducto probable para la oposición, en los comicios de 2010, y ii) la apertura de un amplio margen de actuación para la redefinición institucional desde la perspectiva del oficialismo.
Lo que se tendrá en este segundo caso es el inminente comienzo de un proceso de elaboración de leyes y normas reglamentarias con la priorización del tratamiento de aquellas relativas a ámbitos estratégicos, entre ellos el de la comunicación y la información, tal como lo tiene puntualizado el programa de gobierno con que el MAS se postuló a las elecciones de hace cuatro días. Ese proceso que se desarrollará ante todo en el espacio legislativo será el nuevo campo de la disputa y la confrontación políticas en torno al control de recursos y las cuestiones de los derechos humanos.
Si se toma en cuenta que la oposición que llegará a la Asamblea Legislativa Plurinacional será reducida en número, débil en representatividad y poco estructurada en su proyecto, su accionar será escasamente propositivo y tenderá a basarse en la descalificación y la obstaculización de las propuestas y medidas oficialistas. Ante esa incapacidad, podrán surgir algunos movimientos ciudadanos dirigidos a suplantar a la oposición tanto como a promover lineamientos para el debate legislativo o, desde otra perspectiva a ofrecer resistencia a las iniciativas gubernamentales. Esta última opción implicaría, además, que se produzcan enfrentamientos por fuera de la Asamblea entre sectores y agrupaciones sociales afines al gobierno y otros de oposición civil. La conflictividad estará así ligada a la reorganización del Estado, a la puesta en vigor de la nueva Constitución y a las formas de proceder que adopten el órgano ejecutivo y la mayoría legislativa oficialista.
En lo directamente relacionado con el tema de los derechos que acá interesa resaltar, la victoria electoral del MAS alentará el potenciamiento de la visión y las definiciones estratégicas gubernamentales en materia de medios al igual que afianzará las posiciones pro-oficialistas de aquellos medios que simpatizan con las políticas del poder ejecutivo. En contrapartida, unos pocos de los medios privados que se distinguieron hasta ahora por sus posiciones y discursos contestatarios se ratificarán en esa índole mientras que otro bloque, presumiblemente mayor, buscará su reacomodo en una suerte de “centro democrático”.
A partir del recuento efectuado sobre lo que viene aconteciendo y de una preliminar aproximación a los datos arrojados por las urnas el pasado domingo debiera hacerse el intento de explotar la reinstitucionalización que empezará en breve como un horizonte en que será indispensable equilibrar oportunidades y riesgos en pro del bien común. Para eso, aparte de la preparación necesaria, el diálogo y los acuerdos deseables, habrá que recordar no sólo que los medios representan uno de los principales vínculos de los ciudadanos con lo público sino, igualmente, que esos ciudadanos son el Estado y no pueden quedar al margen de las decisiones que les atinjan.
El pensamiento y la palabra son inescindibles de la condición humana, la información es un bien público, la comunicación es un acto dignificante y el trabajo mediático es un servicio de interés público; de ahí que las libertades para ejercerlos figuren entre los derechos democráticos fundamentales y competan a todos. En términos generales, ello supone la plena vigencia de las garantías constitucionales y, en lo concreto, que haya democracia para los medios, en los medios y desde los medios.
La Paz, diciembre 10 de 2009
etv/.
16 de diciembre de 2009
Periodismo para la gente: 15 desafíos y una agenda abierta
Lizbeth Mejía
¿Cómo quiere verse la gente de a pie reflejada en los medios? ¿Qué temas le interesa ver? Fueron interrogantes que encontraron una respuesta en la “Agenda Ciudadana elecciones 2009”, producto elaborado por la iniciativa de comunicación de la Fundación UNIR Bolivia.
El equipo de Comunicación de la Fundación UNIR fue al encuentro de la gente habitualmente relegada en la cobertura mediática, para escuchar los argumentos y las propuestas planteadas en seis ciudades de Bolivia, mediante conversatorios y grupos focales. Intencionalmente se eligió como tema central el trabajo de los medios en la cobertura electoral, por su importancia en la coyuntura nacional.
El objetivo de los encuentros fue recoger la percepción que tenían los ciudadanos – de sectores poco cubiertos en los medios- sobre el trabajo de los medios en épocas electorales, cuáles eran los aspectos positivos y negativos. Luego se les pidió que plantearan sus demandas. El pedido fue contundente: Transparencia, neutralidad y responsabilidad. Además, la gente consultada expresó que desea verse más en los medios, espera que los medios velen por la unidad nacional y que traten a todos los candidatos por igual.
Pero lo que es importante resaltar al término de la experiencia es que los ciudadanos reconocen positivamente el trabajo de los periodistas y de los medios argumentando que si no fuera por ellos, la población no tendría las mismas oportunidades de estar informados de lo que pasa aún cuando evidencian falencias en su trabajo. Otro elemento importante es que el referente principal de los ciudadanos de las capitales son las grandes cadenas televisivas, luego la radio y mínimamente los periódicos.
Los ciudadanos consultados señalan que no se puede generalizar, cada medio tiene su particularidad, no basta con hacer la diferencia entre medios estatales y privados, o medios urbanos y rurales, es necesario profundizar en las estructuras de propiedad para no meter a todos en la misma bolsa. Cada caso es distinto, por ejemplo, cuando se presentó el documento de la Agenda a un grupo de periodistas de áreas rurales, es decir de radios comunitarias, no podían concebir en su trabajo más participación ciudadana, porque esa es precisamente la manera que ellos se relacionan con sus comunidades, de cerca y de manera permanente.
El documento que resume la investigación realizada por la Fundación UNIR quizás no logre mostrar la magnitud de todo lo expresado por los 200 ciudadanos en más 70 horas de conversación y argumentación; sin embargo se intentó respetar su voz y plasmarla de manera textual, lo que supuso también un largo proceso de sistematización.
Una guía hecha por periodistas para la cobertura electoral
Paralelamente a este trabajo y en coordinación con los periodistas de La Paz, Cochabamba, Tarija, Santa Cruz, Cobija y El Alto, se realizaron una serie de talleres con los trabajadores de la información para realizar las mismas preguntas, cómo ven su trabajo en tiempos electorales, aspectos positivos y negativos. Dentro de estos encuentros el ONADEM (Observatorio Nacional de Medios) presentó las características de la cobertura tipo que ellos habían encontrado a lo largo de varios monitoreos de las diferentes elecciones realizadas en el último tiempo en nuestro país.
Los datos por el ONADEN se resumen básicamente en que los medios se centraron en los discursos polarizados del gobierno y la oposición y que la agenda mediática reproduce casi en su totalidad la agenda política, además se personaliza la campaña alrededor del candidato dejando de lado la presentación y el debate de propuestas. Luego de esta exposición y de su inicial autoevaluación los periodistas se plantearon una serie de desafíos para cubrir las elecciones.
Con los insumos vertidos en conversatorios y talleres se elaboró la Guía de Cobertura Electoral con 15 desafíos planteados por los propios periodistas. La Guía destaca como primera tarea, hacer que la ciudadanía sea protagonista de la cobertura informativa, no sólo en tiempos electorales sino permanentemente, dejando de lado la posición prejuiciosa de que el ciudadano aparece en las noticias generalmente como víctima o malhechor, dos imágenes recurrentes en los medios. Resalta también la necesidad de trabajar con visión nacional.
Los otros desafíos tienen que ver con normas del periodismo: informar sin opinar, sin polarizar, buscar equilibrio de fuentes, temas y enfoques, lograr una agenda propia, escapar del sensacionalismo, explorar nuevos formatos y lograr un rol más activo a los reporteros. Los desafíos coyunturales están dados por lograr debates respetuosos, incluir a todos los candidatos, pasar de las consignas a las propuestas, responsabilidad con las primicias, tener mucho cuidado con los resultados de encuestas o sondeos para no generalizar.
Los ciudadanos quieren ser protagonistas en la cobertura de los periodistas diariamente, desean ser tomados en cuenta como actores de la realidad no solo en tiempos electorales. Un aspecto final es la necesidad de crear en la población una visión crítica de los medios, pero acompañada de información suficiente sobre las complejidades del trabajo periodístico.
¿Cómo quiere verse la gente de a pie reflejada en los medios? ¿Qué temas le interesa ver? Fueron interrogantes que encontraron una respuesta en la “Agenda Ciudadana elecciones 2009”, producto elaborado por la iniciativa de comunicación de la Fundación UNIR Bolivia.
El equipo de Comunicación de la Fundación UNIR fue al encuentro de la gente habitualmente relegada en la cobertura mediática, para escuchar los argumentos y las propuestas planteadas en seis ciudades de Bolivia, mediante conversatorios y grupos focales. Intencionalmente se eligió como tema central el trabajo de los medios en la cobertura electoral, por su importancia en la coyuntura nacional.
El objetivo de los encuentros fue recoger la percepción que tenían los ciudadanos – de sectores poco cubiertos en los medios- sobre el trabajo de los medios en épocas electorales, cuáles eran los aspectos positivos y negativos. Luego se les pidió que plantearan sus demandas. El pedido fue contundente: Transparencia, neutralidad y responsabilidad. Además, la gente consultada expresó que desea verse más en los medios, espera que los medios velen por la unidad nacional y que traten a todos los candidatos por igual.
Pero lo que es importante resaltar al término de la experiencia es que los ciudadanos reconocen positivamente el trabajo de los periodistas y de los medios argumentando que si no fuera por ellos, la población no tendría las mismas oportunidades de estar informados de lo que pasa aún cuando evidencian falencias en su trabajo. Otro elemento importante es que el referente principal de los ciudadanos de las capitales son las grandes cadenas televisivas, luego la radio y mínimamente los periódicos.
Los ciudadanos consultados señalan que no se puede generalizar, cada medio tiene su particularidad, no basta con hacer la diferencia entre medios estatales y privados, o medios urbanos y rurales, es necesario profundizar en las estructuras de propiedad para no meter a todos en la misma bolsa. Cada caso es distinto, por ejemplo, cuando se presentó el documento de la Agenda a un grupo de periodistas de áreas rurales, es decir de radios comunitarias, no podían concebir en su trabajo más participación ciudadana, porque esa es precisamente la manera que ellos se relacionan con sus comunidades, de cerca y de manera permanente.
El documento que resume la investigación realizada por la Fundación UNIR quizás no logre mostrar la magnitud de todo lo expresado por los 200 ciudadanos en más 70 horas de conversación y argumentación; sin embargo se intentó respetar su voz y plasmarla de manera textual, lo que supuso también un largo proceso de sistematización.
Una guía hecha por periodistas para la cobertura electoral
Paralelamente a este trabajo y en coordinación con los periodistas de La Paz, Cochabamba, Tarija, Santa Cruz, Cobija y El Alto, se realizaron una serie de talleres con los trabajadores de la información para realizar las mismas preguntas, cómo ven su trabajo en tiempos electorales, aspectos positivos y negativos. Dentro de estos encuentros el ONADEM (Observatorio Nacional de Medios) presentó las características de la cobertura tipo que ellos habían encontrado a lo largo de varios monitoreos de las diferentes elecciones realizadas en el último tiempo en nuestro país.
Los datos por el ONADEN se resumen básicamente en que los medios se centraron en los discursos polarizados del gobierno y la oposición y que la agenda mediática reproduce casi en su totalidad la agenda política, además se personaliza la campaña alrededor del candidato dejando de lado la presentación y el debate de propuestas. Luego de esta exposición y de su inicial autoevaluación los periodistas se plantearon una serie de desafíos para cubrir las elecciones.
Con los insumos vertidos en conversatorios y talleres se elaboró la Guía de Cobertura Electoral con 15 desafíos planteados por los propios periodistas. La Guía destaca como primera tarea, hacer que la ciudadanía sea protagonista de la cobertura informativa, no sólo en tiempos electorales sino permanentemente, dejando de lado la posición prejuiciosa de que el ciudadano aparece en las noticias generalmente como víctima o malhechor, dos imágenes recurrentes en los medios. Resalta también la necesidad de trabajar con visión nacional.
Los otros desafíos tienen que ver con normas del periodismo: informar sin opinar, sin polarizar, buscar equilibrio de fuentes, temas y enfoques, lograr una agenda propia, escapar del sensacionalismo, explorar nuevos formatos y lograr un rol más activo a los reporteros. Los desafíos coyunturales están dados por lograr debates respetuosos, incluir a todos los candidatos, pasar de las consignas a las propuestas, responsabilidad con las primicias, tener mucho cuidado con los resultados de encuestas o sondeos para no generalizar.
Los ciudadanos quieren ser protagonistas en la cobertura de los periodistas diariamente, desean ser tomados en cuenta como actores de la realidad no solo en tiempos electorales. Un aspecto final es la necesidad de crear en la población una visión crítica de los medios, pero acompañada de información suficiente sobre las complejidades del trabajo periodístico.
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