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24 de octubre de 2012

Narcotráfico ¿sólo coca y cocaína? El debate de los editoriales bolivianos



Narcotráfico ¿sólo coca y cocaína?
El debate de los editoriales bolivianos

Bernardo Poma Ulo[1]
Relacionar el narcotráfico sólo con una planta, la de la coca, referirse únicamente a la cocaína y a su posible despenalización, así como abordar escasamente y de manera imprecisa el consumo de drogas, fueron las tendencias de la opinión editorial de la prensa boliviana sobre el tema del tráfico de estupefacientes en el primer mes del 2012.



Esas características de opinión fueron estudiadas por el Observatorio Nacional de Medios (ONADEM) de la Fundación UNIR en 24 editoriales publicados en enero del presente año por 13 diarios nacionales: El Deber, El Mundo y El Día de Santa Cruz, La Palabra del Beni de Trinidad, El País, El Nacional y Nuevo Sur de Tarija, Correo del Sur de Sucre, El Diario y La Prensa de La Paz, El Potosí (Potosí), Opinión y Los Tiempos de Cochabamba[2].  

Si bien se contabilizó en total 24 editoriales, un tercio de éstos fue repetido y publicado con el mismo texto y titular en más de un diario[3]. En sentido estricto, entonces, se publicaron 18 textos editoriales distintos, entre los que se pudo verificar las tendencias anotadas en principio, pues 10 de ellos (56%), al abordar el narcotráfico[4], sólo mencionaron una droga[5], la cocaína, y los restantes 8 (44%) no especificaron ninguna otra[6]. Por otro lado, 7 de los editoriales (39%) relacionaron expresamente la hoja de la coca con la cocaína o con el narcotráfico, en tanto que los demás no mencionaron ni especificaron ninguna otra planta vinculada con la producción o tráfico de estupefacientes[7].


Dudas y esperanzas: la lucha contra el narcotráfico

Bajo la primera tendencia de opinión editorial, la lucha contra el narcotráfico tuvo como objeto valor negativo centralmente a la hoja de coca, específicamente por su producción excedentaria, por ser vinculada directamente con la fabricación de cocaína o incluso por ser considerada en sí misma una droga[8].

Al avizorar en 2012 una “nueva etapa en la lucha contra las drogas” (La Prensa; Los Tiempos; El Potosí; Nuevo Sur; Correo del Sur, 24/01/12) y relacionando expresamente coca con narcotráfico, los editoriales valoraron positivamente el acuerdo tripartito, entre Brasil, Bolivia y EE.UU.[9], por haber sido suscrito para “controlar los cultivos excedentarios de coca” y fue entendido como una alternativa en la tarea de “controlar” la producción de la “materia prima” de la “cocaína”.

En ese marco, criticaron las acciones gubernamentales por su falta de eficacia en la lucha contra el narcotráfico. Con el acuerdo tripartito y en retrospectiva se habría puesto fin a seis años de la “actual gestión gubernamental”, de “desavenencias” que “impidieron” o “dificultaron” la labor conjunta entre los países “interesados en afrontar el problema” (La Prensa; Los Tiempos; El Potosí; Nuevo Sur; Correo del Sur, 24/01/12). En el mismo sentido, se puso en duda las “buenas intenciones” del “Primer Mandatario”, se dijo que la administración gubernamental, a seis años, “no fue efectiva” (El Diario, 08/01/12). Otras notas sólo alcanzaron a expresar algunas esperanzas para la presente gestión: “Ojalá que en este año la imagen del país no sea más afectada por el estigma del narcotráfico” y que “no tengamos más jefes policiales… intentando exportar toneladas de cocaína al mercado internacional” (El Mundo, 01/01/2012).    
 
Con similar crítica a la política gubernamental, pero sin especificar ningún estupefaciente, un editorial no aclaró la identificación de la coca como una droga, aludiendo a un organismo internacional y señalando una fallida posición del gobierno nacional al respecto: “La hoja (de coca) ha de seguir siendo considerada una droga en sí misma por la ONU, no importa lo que haga el Gobierno boliviano por evitarlo” (El Deber, 22/01/12).

La coca en el ojo del crecimiento del narcotráfico

Aunque se manifestó en general la preocupación por el crecimiento del narcotráfico, la mitad de los editoriales que abordaron este aspecto no especificó la droga causante o involucrada en tal aumento, pero sí señalaron a la hoja de coca. Así, el incremento de la producción de la “hoja ilegal” es el que “en realidad define el aumento de la producción de narcotráfico en el país” (Opinión, 18/01/2012).

En el mismo sentido, al especificar el “aumento de la producción de cocaína” en el país, se señaló un solo factor, el aumento del “cultivo de la hoja” de coca, para lo cual, a su vez, no se presentaron suficientes explicaciones pues tal hecho sería resultado de “medidas de carácter oficial” (El Diario, 03/01/12). Sin especificar la fuente de los “datos estadísticos” se estableció que “la hoja de coca ha sobrepasado las 35 mil hectáreas y que la producción de cocaína pura pasó de las 200 toneladas al año”, además de que “la producción de pasta base sería muy superior y se estaría intensificando en sectores suburbanos y rurales del país” (El Diario, 03/01/12)[10].

Legalización de las drogas o (des)penalización de la coca

Más argumentos a favor que reparos sobre la posible despenalización de las drogas ilegales, específicamente de la cocaína,  se expresaron en las posiciones editoriales -de los diarios del sur del país, principalmente- que, en todo caso, se apoyaron en las manifestaciones públicas de dos presidentes latinoamericanos. En ese sentido, citando al nuevo presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, se argumentó el fracaso de la “guerra sin cuartel”  contra de la producción, tráfico y consumo de drogas, “tal como hasta ahora se la ha desarrollado”, y se consideró el caso de México, donde el costo –hasta el momento- habría sido de 50.000 vidas (El Potosí, Nuevo Sur, Correo del Sur;  19/01/12).

Con más contundencia se apoyó la posición de José Manuel Santos -actual presidente y ex ministro de Defensa de Colombia- y por tanto la “causa” de la despenalización”, dado que esa “guerra”, “a pesar de los muertos”, “no ha logrado reducir el consumo de tales drogas, sino, al contrario lo ha aumentado” (El País, 31/01/12). Además se argumentó que la “guerra contra las drogas” es “algo inventado en Washington” y se criticó la política estadounidense sobre el tema señalando que “es allá, en esa frontera y dentro de los Estados Unidos donde se debe sentir con más contundencia los efectos de esa ‘guerra’ y no en nuestros países del sur” (El País, 31/01/12).

Un editorial aplicó –y restringió- el concepto de la despenalización no a las drogas controladas sino a la hoja de coca. La posición editorial se basó en la idea fuerza que vincula directamente coca con cocaína al señalar que el “desborde de los cultivos de coca es sinónimo de la explosión de la fabricación de cocaína” (El Día, 04/01/12). Bajo ese razonamiento se criticó el alejamiento de Bolivia de la Convención de Viena y su demanda de despenalización de la “hoja sagrada”[11], pues sería el planteamiento “menos justificado” del país. En el mismo sentido se afirmó que “Todos los argumentos culturales, medicinales y otros que hablan sobre la supuesta ‘inocencia’ de la coca, quedan huecos ante la lacerante realidad de miles de ciudadanos bolivianos que han caído en las redes del consumo de drogas y de otros miles que están detenidos en las cárceles de Chile, Argentina y Brasil”. Por tanto, “Defender la coca a estas alturas es casi igual que sacar pecho por los cárteles de la droga mexicanos y colombianos que han trasladado sus actividades al territorio boliviano para beneficiarse de la coca abundante y accesible” (El Día, 04/01/12). 

Algo de  “fashionismo” y pocas alternativas

Sólo un editorial expresó su preocupación central por el consumo de drogas, particularmente en la juventud. Sin embargo, no especificó de qué estupefacientes la “impresionante” cantidad de jóvenes benianos “se han vuelto dependientes” (La Palabra del Beni, 05/01/12). Sin considerar similares realidades en el resto del país, se definió la problemática como un “fashionismo local”. Finalmente, al reconocer positivamente la labor de organizaciones no gubernamentales que “arduamente desarrollan actividades de prevención y rehabilitación de drogadictos”, el diario evaluó el ámbito de las “instituciones públicas” en el que “poco o nada se ha avanzado” para “combatir este mal que acecha a la sociedad” (La Palabra del Beni, ídem).

Sólo una nota propuso encarar el problema del narcotráfico, sobre todo en las zonas cocaleras, con “programas inteligentes de desarrollo de las potencialidades alternativas” (El Deber, 22/01/12). El editorial planteó para ello aprovechar los “altos ingresos por las exportaciones de materias primas” (El Deber, ídem) pero no especificó una propuesta concreta, por ejemplo, la sustitución de cultivos o planes de industrialización.

Consideraciones finales

Resulta destacable la preocupación editorial por la problemática del narcotráfico. Sin embargo, se corroboró la generalización en la opinión que tuvo como eje principal la relación coca-cocaína, sin considerar otro tipo de plantas susceptibles de ser transformadas en otras sustancias controladas, ni las llamadas drogas sintéticas. 

Planteamientos o posiciones propositivas para encarar el problema del tráfico fueron escasos, solitarios y dispersos. Así el desarrollo alternativo fue demandado —sólo por un diario— de manera aislada del debate de la legalización o despenalización que fueron abordadas por diarios distintos —sobre todo del sur del país—.  El consumo de drogas en Bolivia, asimismo, fue escasamente abordado y no se profundizó ni se especificó si la droga más mencionada por los editoriales, la cocaína, es también la más consumida. En ese sentido, el abuso de otras sustancias —distintas a la cocaína— que se observa principalmente en la población joven de varias ciudades del país, como inhalantes (sustancias volátiles) de origen y finalidad industrial[12], no fue parte del análisis realizado por los editoriales.

El debate público, informado y respaldado, puede contribuir al planteamiento de normas y políticas públicas que sean cada vez más integrales, preventivas y protectoras de la sociedad ante la complejidad de la problemática del narcotráfico  y la opinión editorial puede aportar a ello con un análisis orientador que considere las particularidades de las distintas fases del narcotráfico (producción, tráfico, consumo) que afectan también de manera específica y distinta a la sociedad boliviana.





[1] Responsable Metodológico Operativo del Observatorio Nacional de Medios (ONADEM) de la Fundación Unir Bolivia.
[2] Otros cuatro diarios nacionales, Página Siete, La Patria, La Razón y Cambio, fueron parte de la muestra original, los cuales, sin embargo, no publicaron editoriales respecto del tema del presente artículo.
[3] Se trata de un “efecto de coordinación editorial” que consiste en la publicación de un mismo editorial en más de un diario, de manera simultánea (en la misma fecha) o asincrónica, práctica verificada por otras investigaciones del ONADEM (cf. Medios a la Vista, 2009, pp. 53, 63, 81). En el caso del presente estudio, fueron dos los editoriales que se repitieron, uno titulado “Nueva etapa en la lucha contra las drogas” y publicado simultáneamente en 5 diarios (La Prensa, Los Tiempos, El Potosí, Correo del Sur y Nuevo Sur, 24/01/12), y el otro “Un debate urgente” incluido a la vez en 3 de esos periódicos (El Potosí, Correo del Sur y Nuevo Sur, 19/01/12).
[4] Se entiende por narcotráfico en este trabajo toda actividad ilícita relacionada o derivada de la cadena de producción, distribución, comercialización y consumo de drogas tóxicas o ilegales. En la nomenclatura jurídica nacional e internacional se utiliza los términos de “tráfico ilícito” de “sustancias  controladas” para referirse y tipificar los delitos relacionados con el narcotráfico (cf. Ley 1008 “Del régimen de la coca y sustancias controladas” y Convención Única de 1961 sobre Estupefacientes).
[5] En términos generales, droga es toda “sustancia química natural o sintética con efectos sobre el sistema nervioso central, que se consume para obtener una alteración del estado de ánimo que resulta placentera y que puede producir fenómenos de tolerancia y adicción” (Ver: Enciclopedia Encarta, Microsoft Corporation, 2008). No obstante, el mismo término tiene diversos usos, pues puede referirse a: “fármacos de prescripción legal…, sustancias que se compran y se venden de forma ilegal (cocaína, heroína, Cannabis, LSD) y otras que se comercializan de forma legal (alcohol y tabaco)” (Ibid.).
[6] La ley boliviana al respecto consigna, entre las sustancias controladas, al menos 200 drogas naturales o sintéticas, clasificadas como estupefacientes y psicotrópicos (cf. Ley 1008, Anexo y Art. 33). Uno de esos estupefacientes –sustancias narcóticas que alteran o hacen perder la sensibilidad-  es la cocaína, que a través de procedimientos químicos se obtiene de las hojas de coca.
[7] Evidentemente la legislación nacional penaliza la producción “excedentaria” de coca, pero admite y delimita la  producción “necesaria” (cf. Ley 1008, Arts. 4, 5, 6 y 29). La misma Ley 1008 junto a la normativa internacional (Convención de 1961) penaliza además la producción ilegal de otras dos plantas a base de las cuales se producen estupefacientes: la adormidera y la cannabis (o marihuana) (Ver las drogas derivadas en: Glosario de términos de alcohol y drogas. Organización Mundial de la Salud / Ministerio de Sanidad y Consumo de España, Madrid, 2008). En el periodo de estudio, al menos 4 diarios nacionales (El Día, El Diario, Correo del Sur y Nuevo Sur) reportaron entre sus noticias el tráfico de marihuana. Por otro lado, sólo en el mes enero de 2012, la Fuerza Especial de Lucha contra el Narcotráfico (Felcn) habría incautado 30,63 toneladas de marihuana (Ver: http://www.correodelorinoco.gob.ve/multipolaridad/gobierno-bolivia-ha-incautado-3217-toneladas-droga-2012/)
[8] La propia Ley 1008, en su artículo 3,  hace la diferencia entre la planta de la coca en estado natural “que no produce efectos nocivos a la salud humana” y la que es procesada y transformada para la producción ilegal de cocaína y que “produce efectos psicofisiológicos y biológicos nocivos para la salud humana y es utilizada criminalmente”.
[9] El convenio entre Bolivia, Brasil y Estados Unidos, denominado “Proyecto Piloto de Sistema de Control de la Reducción de Cultivos Excedentarios de Coca”, firmado el 20 de enero de 2012, se propone desarrollar en territorio boliviano metodologías adecuadas para la “detección” de las “zonas de expansión de cultivos excedentarios de coca” (Ver: “Suscriben Acuerdo tripartito para controlar cultivos de coca”, El Diario, 21/01/12, pg. 5).
[10] Los cultivos de hoja de coca en Bolivia en el año 2011 no sobrepasaron las 27.200 hectáreas e incluso se redujeron respecto del 2010 cuando se habrían cultivado 31.000 hectáreas, según el último informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito  (cf. Monitoreo de Cultivos de Coca 2011, UNODC / Estado Plurinacional de Bolivia). En todo caso, según la normativa boliviana vigente (Ley 1008), los cultivos legales de la hoja de coca no debieran sobrepasar las 12.000 hectáreas.  
[12] Las sustancias volátiles son “un grupo de productos químicos de uso industrial o doméstico (pegamentos, disolventes, gasolinas, pinturas) que se han convertido en drogas de abuso al inhalarse con el fin de obtener un efecto placentero. Las sustancias volátiles producen depresión y perturbación del sistema nervioso central” (Ver: "Droga." Microsoft® Encarta® 2009 [DVD]. Microsoft Corporation, 2008).

2 de agosto de 2012

LA COCA Y LOS "PODERES PARALELOS" EN LOS EDITORIALES DE LA PRENSA BOLIVIANA

Bernardo Poma Ulo (*)

El “poder” político de los cocaleros y la producción excedentaria e ilegal de coca fueron los aspectos más enfatizados, con más apreciaciones negativas que explicaciones en la opinión editorial de la prensa boliviana que abordó esa problemática al iniciar el año 2012.

Esas valoraciones fueron estudiadas por el Observatorio Nacional de Medios (ONADEM) de la Fundación UNIR, entre el 1º y el 31 de enero, en 27 notas editoriales que se refirieron a la problemática de la hoja de coca y que fueron publicadas por 10 diarios nacionales: El Deber, El Mundo, El Día (Santa Cruz), El Nacional (Tarija), La Patria (Oruro), Cambio, El Diario (La Paz), El Potosí (Potosí), Opinión, Los Tiempos (Cochabamba) .

Al referirse al tema de la hoja de coca, los editoriales de los diarios privados criticaron el accionar de uno de los actores y sectores sociales directamente involucrado: los cocaleros y su “poder” político. Se remarcó sobre todo la capacidad de movilización sectorial en torno a sus intereses para la expansión de cocales ilegales y la imbricación del sector cocalero con el gobierno nacional, lo que llevó a los editoriales a visibilizar la parcialización de este último con aquél. Sólo un diario —el gubernamental Cambio— abordó el tema y presentó argumentos desde una perspectiva distinta, esto es, de defensa de la hoja de coca. 

La capacidad de movilización fue reconocida a partir de la “contramarcha” del Consejo Indígena del Sur (CONISUR) , la cual era en la opinión editorial “una marcha de cocaleros, parciales del Gobierno” y en la que primaba el “interés” de este sector (El Mundo, 13/01/12), es decir, “ampliar los campos de cultivo de la hoja de coca" (El Mundo, 30/01/12). En esa misma línea de opinión, en la movilización se identificó otro sector involucrado, el de los “colonizadores”, que junto a los cocaleros también buscan “ampliar la frontera agrícola” (El Potosí y Los Tiempos, 11/01/12).

Los antagonistas más cuestionados por el discurso editorial fueron los productores de coca cochabambinos, en particular del Chapare, al ser “los más interesados” en hacer del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) “el sitio apropiado para la expansión de cultivos de coca" (El Diario, 20/01/12). Este interés sectorial en el TIPNIS implicaba, según la opinión editorial de los diarios privados, desconocer la Ley Nº180 que protege el parque, por lo que la intención de la “contramarcha” era llegar a niveles de decisión legislativa, es decir, “revertir” dicha norma para “hacer que lo intangible se vuelva tangible” (El Mundo, 10/01/12).

Otro conjunto de notas de opinión editorial reconoció la existencia de distintos sectores en el movimiento cocalero boliviano y también su diferente relación política con el gobierno nacional. Así, a tiempo de señalar la capacidad de movilización y de confrontación de los cocaleros de La Asunta (Yungas de La Paz) con los “erradicadores” de coca , observaron además que "Los yungueños están molestos porque los chapareños quieren legalizar su coca y encima incrementar sus cultivos” (El Día, 12/01/12). Por ello, los cocaleros de Los Yungas paceños “empezaron a cuestionarle al Gobierno su tolerancia hacia los sindicatos del trópico cochabambino frente a la presión hacia el paceño" (El Nacional, 20/01/12), al punto de que estos últimos decidieran “crear sus propios grupos armados para defender sus cocales ilegales” (El Deber, 13/01/12). Esta correlación mostraría que el Poder Ejecutivo estaría “cada vez más atado a la geopolítica que se gesta en el Chapare" (El Día, 12/01/12).

La capacidad de movilización de los distintos sectores de cocaleros en particular de los del Chapare cochabambino, junto a su imbricación política con el gobierno nacional, hizo preguntarse en un editorial si ese “poder” constituye un “superestado capaz de doblegar al propio Ejecutivo” (El Deber, 13/01/12). Y al considerar lo sucedido con la ley protectora del TIPNIS , los cocaleros también tendrían capacidad de controlar el poder legislativo, con lo que habrían “consolidado su hegemonía” (El Deber, 13/01/12). Las críticas y valoraciones no sólo se refirieron al movimiento cocalero en sí, sino que se apoyaron en otros argumentos que apelaron a la ciudadanía al señalar que “los bolivianos no aceptan esta clase de poderes paralelos" (El Deber, 13/01/12).


Sobre la producción excedentaria de coca

Respecto de la producción de la hoja de coca, se enfatizó —en ocasiones sin mayor argumentación— los aspectos negativos, es decir, su carácter excedentario e ilegal, así como su relación con el narcotráfico. Así, se señaló que, en el marco de la “crisis permanente” del año 2011, “sigue aumentando la producción de la hoja” y que “el país está produciendo más de 200 toneladas de cocaína al año” (El Diario, 01/01/12).

En realidad, pocas fueron las notas editoriales que abordaron la problemática de la coca en su integralidad y con el apoyo explícito de datos, desde su producción hasta su consumo, así como su erradicación. Entre ellas, una de Opinión (10/01/12) al reconocer que el tema de la producción resulta “complejo y de alta conflictividad”, citó a la Naciones Unidas como fuente para señalar que Bolivia es el tercer productor mundial de coca y cocaína, tras de Colombia y Perú, y además el principal proveedor de droga del Cono Sur.

Los editoriales con más valoraciones que argumentos respaldados tendieron a la generalización y negativización de la coca en sí misma al señalar que la “hoja sagrada” es “el elemento omnipresente de la realidad del país”: “Todo el aparato diplomático boliviano está al servicio de la coca; el Chapare es la región que mayor cantidad de inversiones recibe; por la coca se destruye un parque; la coca es la articuladora de la vertebración caminera del país" (El Día, 06/01/12).

Erradicación insuficiente y escasa defensa

Los datos sobre el volumen de coca excedentaria, y que se debiera erradicar, variaron en el discurso editorial, dado que un medio, basado en Naciones Unidas, apuntó a 10 mil hectáreas plantadas no sólo en el trópico de cochabambino sino también en los Yungas paceños (La Patria, 29/01/12). Otro editorial, al calificar los “resultados” de la erradicación como “poco menos que nulos”, señaló que “los cultivos más bien aumentaron de 12 a 35 mil hectáreas”, así como la elaboración de cocaína “de 20 a 200 toneladas” (El Diario, 01 y 31/01/12).

La crítica y duda en torno al nuevo convenio tripartito se explicitó en un solo editorial y se apoyó en el argumento de que “se estaría partiendo del mismo error que en anteriores negociaciones", esto es, “encarar los efectos y no combatir el origen mismo del problema” (El Diario, 31/01/12). Aunque el editorial citado no explicitó ese origen, recordó que “entre los años 1980 y 2000 la lucha contra los cultivos de coca tuvo un costo de alrededor de mil millones de dólares, pero, contrariamente a lo que se esperaba, el resultado final fue que esa campaña terminó en un enorme cero" (El Diario, 31/01/12).

En sólo un editorial se argumentó expresamente la defensa de la coca, apoyándose en la Constitución que la “protege” como parte del “patrimonio cultural” del país y “establece que en su estado natural no es un estupefaciente" (Cambio, 02/01/12). La defensa también apeló a la “ciencia” pues ésta habría determinado que “en la savia de las hojas de la coca hay más de diez sustancias, entre ellas la cocaína, que constituye menos del 1%. Por ese 1% es que se condena a la coca" (Cambio, 02/01/12). Asimismo, se expresó la esperanza en el estudio de la Unión Europea, con el cual “se acabarán los mitos para desacreditarla" (Cambio, 02/01/12) . Finalmente, el editorial se apoyó en la figura de Evo Morales, quien, según el medio, considera un "deber, como Presidente y como dirigente", exigir —a la comunidad internacional— la despenalización de la coca, como consecuencia de sus múltiples usos medicinales y ceremoniales en varios países sudamericanos (Cambio, 02/01/12).

Consideraciones finales

Los editoriales estudiados escasamente abordaron y valoraron los aspectos positivos relacionados con la hoja de coca en sí misma (por ejemplo, las propiedades medicinales, preventivas, alimenticias y los efectos beneficiosos de los usos tradicionales como el masticado o acullicu). Tampoco presentaron argumentos a favor de las posibilidades de industrialización no sólo de la producción “legal” permitida, sino también de al menos parte de la producción excedentaria o ilegal.

Desde una perspectiva complementaria, en los editoriales estudiados la hoja de coca en sí misma fue estigmatizada negativamente y calificada como “omnipresente”. Como se describió, pocos fueron editoriales que abordaron la problemática de la hoja de coca, considerando al menos dos circuitos distintos: a) producción legal – consumo, b) producción excedentaria – erradicación. En ese sentido, sólo un editorial (Opinión, 10/01/12) hizo una aproximación más integral al tema de la hoja de coca (producción, consumo, erradicación) y con apoyo de datos. Asimismo, sólo un diario (Cambio) asumió la perspectiva de defensa de los aspectos positivos relacionados con el consumo tradicional de la hoja de coca.

En todo caso, los editoriales estudiados pusieron en debate público, desde su propia perspectiva, y alertaron sobre la conflictividad latente y manifiesta en torno a la producción de la hoja de coca en el país. Al criticar explícita e implícitamente la política estatal sobre el tema, visibilizaron asimismo el tipo de gestión gubernamental de la conflictividad boliviana, esto es, condicionada, de un lado, por la mayor o menor capacidad de movilización y presión de los sectores sociales involucrados y, de otro, por la mayor o menor afinidad ideológico-política con ellos. La consecuencia y coherencia entre legalidad y legitimidad parecen los elementos menos determinantes para la construcción y el fortalecimiento de la institucionalidad de la gestión pública, a diferencia de la capacidad de incidencia y presión de los “poderes paralelos”.

De ahí que el abordaje integral de los temas de interés público en los editoriales, idealmente, no debiera abusar de la generalización acerca de los temas, actores o hechos abordados, aún más en problemáticas complejas como la de la hoja de coca. La valoración, evaluación y críticas presentes en la opinión editorial también requieren de precisión, claridad, ecuanimidad y respaldo de argumentos y datos para contribuir mejor al debate público y democrático.

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(*) Responsable Metodológico Operativo del Observatorio Nacional de Medios (ONADEM), iniciativa de la Fundación Unir Bolivia.

Referencias

- Boletín, s/Nº, del Programa de Apoyo al Control Social de la Producción de Hoja de Coca 2008-2012). Versión pdf en: http://www.controlsocial.bo/respaldos_2/boletin/files/boletin%20control%20social.pdf

- “ESTRATEGIA DE LUCHA CONTRA EL NARCOTRÁFICO Y REVALORIZACIÓN DE LA HOJA DE COCA 2007 – 2010”, Consejo Nacional de Lucha contra el Tráfico Ilícito de Drogas, CONALTID, 2007. Versión pdf en: http://www.cicad.oas.org/Fortalecimiento_Institucional/eng/National%20Plans/Bolivia%202007-2010.pdf

- GROSBERG, Lawrence. ”Entre consenso y hegemonía: notas sobre la forma hegemónica de la política moderna”. En: Revista Tabula Rasa, Nº 2, enero-diciembre pp. 49-57, Bogotá, 2004.

- LEY Nº 180 DE PROTECCIÓN DEL TERRITORIO Y PARQUE NACIONAL ISIBORO SÉCURE – TIPNIS. Versión electrónica en: http://www.gacetaoficialdebolivia.gob.bo/normas/buscar/180

- LEY Nº 222 DE CONSULTA A LOS PUEBLOS INDÍGENAS DEL TERRITORIO INDÍGENA Y PARQUE NACIONAL ISIBORO SÉCURE – TIPNIS. Versión electrónica en: http://www.gacetaoficialdebolivia.gob.bo/normas/buscar/222

- LEY Nº 1008 DEL RÉGIMEN DE LA COCA Y SUSTANCIAS CONTROLADAS. Versión pdf en: http://www.aipe.org.bo/public/lst_politicas_publicas_nac/LST_POLITICAS_PUBLICAS_NAC_ley_1008_es.pdf

- Medios a la Vista, informe sobre el periodismo en Bolivia 2005-2008. UNIR/ABOCCS/ONADEM, La Paz, 2009.

- SENTENCIA CONSTITUCIONAL PLURINACIONAL 0300/2012, Sucre, 18 de junio de 2012. Versión electrónica en: http://prensa.tribunalconstitucional.gob.bo/archives/1606


Publicaciones noticiosas de prensa

- “Los cocaleros de La Asunta se rebelan y piden plantar más coca”, Página Siete, 10/01/12, pg. 6).

- “Suscriben Acuerdo tripartito para controlar cultivos de coca”, El Diario, 21/01/12, pg. 5

- “UE pide acelerar la entrega del Estudio Ingegral de la Coca”, La Razón, 04/04/12. Versión electrónica en: http://www.la-razon.com/nacional/seguridad_nacional/UE-acelerar-Estudio-Integral-Coca_0_1589841048.html)